Luna Llena

Hace brisa y se hace fría. También es cierto que alguien timbra pero no me importa. Mi tío que está borracho, o debería, se encuentra a dos pasos de la puerta, pero a él tampoco le importa. En esta casa no abre nadie. Nunca. Es el reino obtuso del valevergismo del siglo XX. Al XXI llegaron nuestras sombras, oscuros recuerdos de lo que alguna vez seremos, cuerpos con vehículo pero sin carretera, sin gasolina, sin camino; así que como fantasmas nos movemos en un mundo que no es nuestro -ni siquiera un poco- ni de dios, ni de las desarticuladas modelos de revista, ni de tu porno online, ni del morbo, ni de la desesperación, y nos asombra la luna llena por ser nuestras esperanzas tan vacías. Ya no me agobia el timbre, ya no me importa nada.

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